jueves, 27 de octubre de 2011

CUATRO CUENTOS DE FERNANDO VILLENA BARBA



LA ACTRIZ CON ÍNFULAS DE MUJER

Ella simulaba sus enfados para que él se preocupara.
Él no se preocupaba porque sabía que los simulaba.
Él se enfadaba de verdad porque no le gustaba que ella le engañara con falsos enfados.
Ella se enfadaba de verdad porque todo le había salido mal.




PADRE

- Hijo, yo sólo quiero lo mejor para ti.
- Papá, yo sólo quiero lo mejor para mí.
- Has vivido muy poco como para saber lo que es mejor para ti.
- He vivido muy poco como para que me conozcas y sepas lo que es mejor para mí.

Y al padre no le quedó más remedio que darle una hostia.



 
DIEZ DEFECTOS

- Tengo diez defectos –dijo él-. Sólo te pido que no dejes de quererme hasta que no los conozcas todos.

Ella aceptó.

Cuando ya conoció sus primeros nueve defectos y, con ello, su amor por él empezaba a menguar, comprobó que era incapaz de conocer el décimo y último. Con el tiempo, el reto aumentó su interés por él y, por tanto, su amor. Y así hasta el fin de sus vidas.

El décimo defecto hablaba de que él podía llegar a ser un poco mentiroso pues realmente sólo tenía nueve defectos.




UN RAMO DE MONEDAS

Convirtió su vida en una sucesión de gestos grandilocuentes que no significaban nada. Demostraba su amor regalando flores. Aparentaba bondad dando monedas a los pobres. Pero ni era bondadoso ni sabía amar. Un día se suicidó. Al parecer alguien le mandó unas flores y unas monedas.




Primera imagen: Enojada?, de J-Sareki en deviantART

Segunda imagen: laced up, de thorn64 en deviantART

Tercera imagen: Tragic Kingdom, de halloweenkid en deviantART

Cuarta imagen: hanging man and moon, de xosekx en deviantART

miércoles, 26 de octubre de 2011

TRES CUENTOS DE CLAUDIO G. DEL CASTILLO



SOLERO

Se achicharraba el 2050. La señora escurrió el sudor de su frente y se acercó presurosa al hombre:
–Acompáñeme hasta Ruinas Nuevas y le daré ochenta pesos –resolló.
–Cien –dijo él, mirándose las uñas–. La ruta este-oeste es un infierno.
–¿Qué dice? No son ni las dos y, además, estoy muy hinchada; tendré que hacer malabares para mantenerme a su sombra.
–Noventa y le pongo medio vaso de agua descontaminada.
–Ochenta y cinco, sin su agua. Algo más de pus en la lengua no me matará.
–Sin agua entonces –concluyó el otro.
Empezaron a caminar en fila apretada. La radiación ultravioleta bombardeaba el rostro llagado del solero.




ALIEN

Del pobre viejo decían que era un extraterrestre; que a pesar de vivir en la Tierra durante años, aún se comportaba de manera singular para ganarse el sustento. Por supuesto, yo no creía una sola palabra de tales historias. Sin embargo, un día lo vi en el parque en una postura inusual y, aguijoneado por la curiosidad, me le acerqué:
—Buenas tardes.
—No moleste: estoy moñingando —dijo sin inmutarse—. Y córrase a un lado que me espanta la clientela.
Debo admitir que, por más que lo observaba, no lograba comprender qué estaba haciendo ni cómo.
—No me tome el pelo. Y, ¡por Dios!, déjese de bobadas que se va a partir la espalda.
—En Marte quizás. Moñingar aquí es mucho más fácil —aseguró.
—Pero… ¿De qué habla? ¿Qué es moñingar?
—¿Para qué explicarle? —gruñó exasperado—. Jamás lo entendería.
Yo estaba apurado, así que decidí presionarlo. Paseando tres billetes de a cinco frente a sus ojos, le dije:
—Si me enseña a moñingar, son suyos.
—No sea estúpido. Aunque usted lo intente, no podrá.
—¡Pues váyase a la mierda! —exploté por fin.
—¡Y usted a ñatuflarse la grufa! Pero qué digo —farfulló—, si tampoco podría.
Discretamente me escurrí entre la multitud que se agolpaba, convencido de no querer saber qué era aquello.




GARGANTORUM DEFLAGRATUS

–Sírvame un doble de gargantorum deflagratus, por favor.
–Extranjero, ¿sabe lo que está pidiendo? El gargantorum deflagratus haumeano es la bebida más fuerte del Sistema Solar. ¿No cree que tomarse un doble cuando le bastaría un nanolitro, es excesivo?
–¡Tonterías! Quien haya probado una vez en su vida el tabasco mexicano es capaz de engullir a pulso una jarra de magma.
–Como quiera, pero le advierto que si bebe de este vaso jamás hablará usted igual... ¡Por Dios!... Bien, ¿qué le ha parecido?
–Nño eshtá shjuave, nñopfff.


Primera imagen: Sun, de eKtOr182 en deviantART

Segunda imagen: behind the facepaint, de THEtoeTAGproject en deviantART

Tercera imagen: The Bar, de weissner en deviantART


martes, 25 de octubre de 2011

CUATRO CUENTOS DE EDUARDO ABEL GIMENEZ



GAZPACHO

La gente sudaba. El sol caía sobre la plaza apenas contenido por las palmeras y una nube solitaria que escapaba antes que se le hiciera tarde. En las camisas azules se formaban manchas húmedas, gotas de agua salada caían por frentes y barbillas. Con los brazos en alto, la multitud cubría césped, caminos, aceras, calles, sin dejar un hueco, hasta donde los edificios impedían ver. Las voces gritaban al ritmo de los tambores:

¡Gaz-pa-cho!
¡Gaz-pa-cho!

Hubo un movimiento allá arriba, en el palco. Se abrió la cortina roja. La Casa de Gobierno relucía con pintura nueva, tan brillante que era difícil mantener la vista fija en esa dirección. Pero nadie quiso perderse el momento en que el Líder atravesó la cortina entreabierta, avanzó hasta el borde mismo del palco y levantó los brazos como convocando al cielo para que se acercara al pueblo.

Los gritos crecieron, se aceleraron:

¡Gaz-pa-cho!
¡Gaz-pa-cho!

El Líder dio un par de golpecitos en el micrófono. Su dedo índice, amplificado en los parlantes, logró reducir las voces a murmullos. Los chistidos recorrieron la plaza. Cuando el silencio fue suficiente, el Líder exclamó:

—¡Cortar el tomate!

La gente estalló en aplausos y vítores. Los tambores redoblaron. La nube solitaria terminó de ocultarse tras la torre de la catedral. El Líder sonrió con tanta amplitud que sus dientes blancos opacaron las paredes del edificio. Hizo gestos de apaciguamiento.

—¡Trozar los pimientos! —prosiguió—. ¡Picar la cebolla! —Hizo una pausa de efecto, con el timing de un actor experto. —¡Desmenuzar el pepinillo!

Otra ovación, más extensa, más calurosa. El Líder aspiró hondo, tanto que parecía agigantarse a la vista de sus seguidores. Alzó el brazo derecho e hizo un gesto giratorio con la mano.

—¡Echar los ingredientes en un cuenco grande! —gritó—. ¡Mezclar con la batidora! ¡Hacer un puré suave! —Y todo casi sin respirar, con la potencia que sólo alcanzan los privilegiados.

El suelo tembló con el estruendo de los tambores y las cajas de resonancia de cien mil pechos gritando al unísono. Pero el Líder volvió a lograr silencio con apenas un movimiento de los dedos.

—¡Poner la sopa en el refrigerador! —dijo, usando un tono de voz más medido, preparando el final.

La plaza entera se aquietó. Este era el momento culminante. El propio sol esperó en lo alto. Los pocos pájaros que no habían huido también miraban hacia el palco. El Líder, ahora sí, arrancó su voz de lo más profundo de la tierra:

—¡Y servir bien frío!

Todo estalló. Minutos enteros de ovación, parches castigados, césped arrancado por los pies que bailaban. El Líder reconoció el afecto de su pueblo con suaves inclinaciones de la cabeza, a derecha y a izquierda. Finalmente, a la menor indicación de que el furor disminuía, volvió a levantar los brazos y logró, por última vez en el día, un silencio profundo.

—Mañana —dijo, y volvió a mostrar los dientes más blancos que la nieve—, ¡mañana paté de pescado!

La multitud rugió de satisfacción, mientras el Líder desaparecía al otro lado de la cortina roja. Vítores y cánticos se sucedieron durante un largo rato. Pero sin el Líder para dirigirlo todo, el sol siguió su curso, la nube reapareció al otro lado de la torre, y los pájaros decidieron volar sin rumbo fijo.

No mucho después se inició la desconcentración. Algunos, los más inquietos, ya le iban poniendo música a la consigna del día siguiente.





PAPEL

Me acaban de hacer notar que el papel no está tan blanco como otras veces. Me gustaría poder hacer algo al respecto, pero es el ruido, ¿oyen?, la sierra de la otra cuadra, las válvulas del colectivo que pasa por la esquina, el tipo que martilla como asesinando al perro. Todo contribuye. El papel recibe esas cosas, es como las plantas que son sensibles a todo. El papel se empieza a poner amarillo en los bordes, en las puntas. Lo escrito también se deteriora, se pone gris, más que nada en verano, cuando uno abre las ventanas y el ruido entra a tapar mi desorden con el suyo. Dejo como prueba la palabra prolegómeno, que (lo saben quienes me conocen bien) jamás usaría en un texto.





YO

—Hola. Soy yo.
—Sí. Yo también soy yo.
—Pero yo soy más yo que vos.
—Eso es posible.
—Yo soy de verdad yo, mientras que vos no.
—Ah. No sabía. Entonces…
—Entonces vos tendrías que decir “yo hago como que soy yo”.
—Yo hago como que soy yo.
—Eso es. Aunque un poco todos hacemos como. Claro que yo no.
—Vos no. Vos sí que sos yo.
—Exacto.





PARAR UN MOMENTO

Parar un momento, avanzar, parar, detenerse por completo, tomar aliento, perderlo, darse tiempo para un poco de depresión, represión, introspección, desolación, prepararse para situaciones no deseadas, desearse en situaciones no preparadas, darse vuelta de arriba abajo, de adentro afuera, tener más sueño que sueños, proponerse una vez más cambiar y seguir así como siempre.



Blogs de Eduardo Abel Gimenez: Ximenez y La Mágica Web


Primera imagen: Special Lousy Art Collage, de HypnotizedMuffin en deviantART

Segunda imagen: Vancouver Sunrise, de Laurazee en deviantART

Tercera imagen: el asalto, de quick2004 en deviantART

Cuarta imagen: rOt4tiOn, de genr en deviantART


 

lunes, 24 de octubre de 2011

DOS CUENTOS DE ORLANDO VAN BREDAM



CENTAURO

Si para un hombre cualquiera la vida está llena de obstáculos y contrariedades, qué decir para un centauro como yo. ¿Qué soy al final? ¿Hombre o caballo? ¿Una burla de los dioses? Con mi amigo Omega hemos decidido huir del Olimpo, visitar esta tierra de los mortales, confundirnos con los animales, las plantas y la gente. En la ciudad es imposible. Todos se ríen de nosotros. Los momentos más tristes llegan en primavera con la excitación de la sangre. Somos todavía muy jóvenes, casi adolescentes. En este instante, por ejemplo, en esta llanura que nos insulta con tanta belleza nueva hemos descubierto dos yeguas pastando y ahí nomás, en una breve laguna, dos muchachas se bañan alegres y desnudas. Nuestros ojos van de un lado al otro. La primavera nos acosa.
-¿Y ahora qué hacemos? -me pregunta Omega.
-No nos podemos pasar la vida dudando -le respondo-, habrá que tomar una decisión.
-Claro que sí -dice Omega. Y arremetemos.





MACHISTA

-¿Sabías que el caballo blanco de San Martín era en realidad una yegua? -preguntó ella.
-No -contestó él.
-¿Y que el caballo de Troya también era una yegua?
-Tampoco lo sabía.
-¿Y que el caballo de bastos es, desde luego, otra yegua?
-No me lo imaginaba.
-¿Te das cuenta? -dijo ella, indignada-. ¡Qué cultura machista tenemos!
-Cierto -dijo él y siguió lavando los platos.


Blog de Orlando Van Bredam


Primera imagen: Centauro, de Nihia en deviantART

Segunda imagen: Tomb of Machismo the Barbarian, de nerraw0001 en deviantART