domingo, 21 de agosto de 2011

VORÁGINE* - Rafael Blanco Vázquez




Ring.
- Dime.
- Noe, concédeme una onza de tu tiempo, un gramo de tu vida, unas gotas de tu ser.
- A mí no me hables así que te endiño.
- Ojú qué bruta.
- Ni bruta ni cojones, qué guarrería es ésa de unas gotas de tu ser.
- Quiero decir que a ver si nos vemos, que me tienes abandonado.
- Es que una tiene cosas que hacer, no como el señorito, que le ha dado por la poesía.
- Me siento muy solo, Noe. Las mujeres no me quieren, me aburro un huevo.
- Ay mi príncipe.
- Y tú entre tu curro y tu novio no tienes ni un minuto para mí, y así no puede ser, que yo necesito contarle mis penas a alguien. Veámonos, rubiecita de pelo ensortijado. ¿No ves que tus bucles singulares le dan sentido a la vorágine de mi vida en la gran ciudad?
- Eso me ha gustado. Así sí, ¿ves tú?
- Lo conseguí, yuju piruju.
- Consulto mi agenda y te digo. Te puedo ver entre las 16 y las 17 del 15 del 3 del año que viene, o sea dentro de 4 meses. ¿Lo anoto?
- Pero Noe.
- La oficina de reclamos cerró hace tiempo.
- ¿Y qué hago yo hasta entonces?
- Confío en ti. Un beso

Ring.
- Dime, Zoe.
- Te acabo de llamar y comunicaba.
- Estaba hablando con mi amiga Noe.
- ¿La de las tetas?
- La misma que viste y calza.
- Le tengo una envidia.
- Con lo buena que tú estás.
- Tú que me ves con buenos ojos.
- Bueno, qué quieres.
- Proponerte que nos veamos esta noche. Cenita, teatro y copazo.
- Sí, claro. Y al final yo me emociono, te como la boca, tú te dejas y luego te vuelve la histeria, que si no sé, que si qué sé yo, que si la duda me embarga. No, no. Ya estoy harto.
- Pero Joe.
- La oficina de reclamos cerró hace dos días.
- Te prometo que esta vez seré buena. En cuanto acerques tus labios a los míos, te paro los pies.
- Uy no se oye. Uy se corta. Uy uy uy.

Ring.
- ¿Noe?
- Que mira, que se me ha caído una cita con mi esteticién dos días antes, o sea el 13 del 3 entre las 18 y las 19. ¿Te vale?
- Eres un ángel caído del cielo.
- Lo sé. Abur.

Ring.
- Zoe, te oigo fatal.
- ¿Joe?

Ring.
- Sí.
- ¿Joe? Soy Cloe, amiga de Moe.
- ¿Quién es Moe?
- El novio de Noe.
- ¿Dónde tendré yo la cabeza?
- Que me ha llamado Noe preocupadísima, que dice que estás muy solo.
- La verdad es que sí.
- Pues ya le estás diciendo adiós a tu soledad. Aquí está Cloe. Morena, ojos verdes, sonrisa singular, jamones deliciosos.
- Oye, perdona, ¿tú no serás prostifurcia? Mira que yo lo que necesito es cariño.
- Si tú supieras el cariño que te puede brindar una prostifurcia.
- ¿Y tú eso cómo lo sabes?
- Porque ejercí en mi juventud.
- ¿Pero qué edad tienes?
- 22.
- Ah, claro.
- Así que eso. Esta noche, fiesta. Habrá sexo, drogas, rocanrol, cariño y cacahuetes.
- No sé, no sé. Es que yo tengo un problema, Cloe: me encanta quejarme. Y si voy a tu fiesta y me gusta, a ver qué hago yo.
- Hacemos una cosa. Si yo veo que te lo estás pasando pirata, te crujo la cara.
- ¿Y si me gusta que me crujas la cara? Mira que yo soy un desastre de tío.
- A ti lo que te pasa es que tienes miedo. Ahora mismo voy a tu queli. Y ni se te ocurra no abrirme.

Ring.
- Dime.
- Noe, que tu amiga Cloe viene para acá, que estoy muerto de miedo.
- Tú déjate llevar por una vez. Confía en tu amiga Noe.
- Mira que la última vez que confié en ti estuve tres años de novio.
- Tendrás tú quejas, con lo linda que era Mae.
- Ojú.

Ring.
- Hombre, Joe. Que me ha dicho Cloe que os lo pasasteis de lujo pirujo.
- Una gozada, mi amor. Reímos, lloramos, bailamos, follamos, jamamos, nos duchamos, nos besamos, nos acariciamos, nos cosquilleamos. Un gustazo, vaya.
- Ya me estás dando las gracias.
- Gracias.
- Poco convencido te veo yo a ti.
- Es que.
- Ni es que ni osco.
- Escúchame, Noe, que es muy grave.
- Me temo lo peor.
- Que me sigue gustando Zoe.
- ¿La plana?
- Sin faltar.
- Lo de plana pase. Pero es que es una mustia, vamos.
- Bajo la cabeza, de hinojos me postro y pido perdón a Su Majestad.
- Joe, lo tuyo es un crimen de lesa humanidad.
- Lo sé, mas qué puedo hacer.
- Me da a mí que estamos ante un caso perdido.
- Pobre Cloe.
- Tú no te preocupes por Cloe que ella sabe cuál es su misión en esta tierra. Anda, haré una excepción y esta noche te invitaré a cenar. Ponte guapo y tráeme flores, que ya sabes lo mucho que me gustan. Hasta luego, ratón.
- Hasta luego, hermosa.


* Publicado en el blog Breves no tan breves


Imagen: Prostituta universitaria, de André Carrilho en flickr


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