domingo, 21 de agosto de 2011

AYER - Rafael Blanco Vázquez


F
- La mayoría de la gente tiene el desnudo pragmático. Se desnudan para algo. Las mujeres, que van de púdicas por la vida, no dudan en bajarse las bragas en cuanto se trata de follar. Él tenía el desnudo inútil, digamos. Necesitaba despojar al desnudo de su carácter utilitario. Como necesitaba despojar al sexo de la penetración. Como necesitaba despojar a las mujeres de su feminidad. Todo era en vano, claro. Pero él siguió desnudándose para nada, se deleitó en oasis de placer buco-genital y logró esquivar las trampas de la matriz. Recuerdo una vez, en un rodaje en que él y la actriz (qué rima casual) se pasaban el tiempo desnudos, que yo propuse que nos despelotásemos todos los miembros del equipo técnico, la mayoría jovencitas. Pensé que él me apoyaría, pero curiosamente guardó silencio. Y creo haber comprendido que él lo que quería era por un lado desmarcarse (con todo el mundo en bolas, habría corrido a vestirse) y por otro no darle ninguna facilidad a la actriz. Así fue.

Z
- Yo siempre le decía que era inmortal. Era nuestro chiste privado. Pero como él me dijo una vez, no es que yo me lo imaginase como inmortal, sino que no podía concebir que envejeciese. Lo cierto es que él llevaba un tiempo obsesionado con la muerte, que son varios miedos juntos: la vejez, la precariedad, la enfermedad. Curioso cómo le gustaba enseñar su cuerpo, que distaba de ser un cuerpo esbelto, con esas mollas (esas lorzas, le gustaba decir a F). Un cuerpo en el que se notaba el paso del tiempo y la falta de ejercicio físico. Pero supongo que se exhibía en la misma medida en que se tiraba esos pedos tan pestosos y tan jocosos: con la alegría de quien exorciza la mierda inevitable.

F
- Qué tiempos aquellos. Z y yo nos pasábamos el día follando, cosa que solíamos hacer en la casa de los padres de él, ausentes. Una noche que estuvimos dale que te pego hasta bien tarde, nada más terminar oímos que llaman a nuestra puerta. Era él. Entró. “Chicos, que no puedo dormir, dejadme que me fume el cigarrito post-coito con vosotros”. Y allí estuvimos un buen rato, charlando, fumando, haciéndole cosquillas a Z, perezosa como un gato antes de la siesta. Recuerdo que se lo dije días después: “Cuando entraste y te quedaste con nosotros, que estábamos desnudos y recién folladitos, me puse más cachondo que estando con ella a solas. Me pareció una situación idílica”.

Z
- Lo que más lamento es no haber realizado un sueño que él tenía: que nos metiésemos en una bañera juntos, que nos bañásemos como dos novios sin ser novios, y que nos enjabonásemos mutuamente al ritmo de la música.

F
- No sé qué más decir salvo que vivir mata.


Imagen: Clarity, de jasinski en deviantART

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