lunes, 26 de septiembre de 2011

EN VOZ BAJA* - Rafael Blanco Vázquez



Cuando supo que se moría, recogió sus pocas cosas y se fue.
Ya vivía lejos de su casa, pero decidió irse aún más lejos, allá donde el idioma fuera una barrera infranqueable.
Nada más llegar se despojó de todas las pruebas de su identidad.
Se perdió entre la multitud, y sintió que poco a poco se moría.
De vez en cuando se le oía cantar. Tenía una bonita voz, una voz viril, una hermosa voz de bajo profundo.
Su rostro también era hermoso.
No hablaba nunca, salvo con un perro que solía husmear por el lugar y acostarse a sus pies.
- Me muero, perro –le decía–. Me muero y te puedo asegurar que no me apetece. Pero es lo que hay.
Y se quedaba dormido junto al perro.
Nadie sabe de las circunstancias exactas de su muerte.
Pero está muerto, es un hecho. Hoy ya no es más que un recuerdo, y muy pronto no será nada.


* Publicado en los blogs NarrativaBreve y Cuentos y más y en la revista virtual Agitadoras.com 



Imagen: The Name of My Melancholy, de Lestrovoy en deviantART

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