jueves, 24 de mayo de 2012

CUATRO CUENTOS - Tres autores



LIBRE DEUDA, de Jorge Martín

Se había matado varias veces, de los modos más diversos, pero una y otra vez había despertado en la cama. Su drama siempre había sido la vida, ahora era que no podía morir. Consultó al médium del barrio, porque no era adherente de ninguna religión específica.
—Supongo que tengo alguna deuda, no terminé bien algunas relaciones, no me reconcilié con mis padres, veo poco a mis hijos —le informó al vidente.
—No, al parecer nada de eso pesó a la hora de que lo devolvieran del más allá.
—No sé qué tengo que hacer para que me den el pase. ¿Tengo que ayudar a alguien?
—Lo que pase del otro lado no es el asunto. Usted debe patentes desde hace tres años y hasta que no pague no puede irse de este mundo. Este gobierno es muy estricto. Son trescientos pesos.
—¿Las patentes?
—No, la consulta.




NUESTROS MIEDOS, de Jordi Cebrián

A mirar bajo la cama, y que sea verdad, y existan monstruos; a que muera el amor; a que algo obstruya nuestras venas y la sangre no fluya; a que la noche nos sorprenda fuera, sin saber volver; a no importar a nadie; a que el metal desgarre nuestra débil coraza; a perder a los nuestros; a morir de aburrimiento; a que en nuestro interior algo empiece a crecer implacable; a dejar de ser sin darnos cuenta, y que nuestro cerebro se disuelva lentamente, y un día la baba se nos escape, sin saber decir ya que no, que basta.




LAS RAZONES DEL CUERPO*, de Alejandro Hugo González

Nunca le habían gustado las manos de su esposa. Pero eso no tenía que ver con ella: era tierna, bellísima, adorable. Inclusive podría haberse dicho, si no hubiera sonado tan ridículo, que él tenía miedo de aquellas manos. Pero se trataba de ellas; a su esposa la amaba con todo su corazón.
Y fueron precisamente aquellas manos las que una noche de invierno lo estrangularon, mientras su esposa, desesperada, atrás, gemía:
—Te amo, querido; te amo tanto como jamás podrás imaginar. Pero tu cuello, ay, tu maldito cuello...




LA TUERCA, de Jordi Cebrián

Encontró la tuerca en el suelo, durante la revisión rutinaria. La examinó sin reconocer el modelo, y buscó infructuosamente de dónde podía haber caído. Mostró la tuerca a sus compañeros, que andaban enfrascados revisando juntas y apretando válvulas, pero no le prestaron atención, y le sugirieron cosas que podía hacer con ella. Obstinado, fue a ver al supervisor, persona metódica y responsable, que consultó en el ordenador central la función de la pieza. Por desgracia, la consulta centralizada estaba desactivada por mantenimiento. Mientras esperaban volver a conectarse, empezaron a oírse ruidos metálicos por todo el complejo, que empezaba a desplomarse.


* Lee Las razones del cuerpo traducido al francés por Rafael Blanco Vázquez



Otros cuentos de Jorge Martín

Blog de Jordi Cebrián

Otro cuento de Alejandro Hugo González en este blog

Blog de Alejandro Hugo González





Primera imagen: the doctor says, de anatheme en deviantART

Segunda imagen: CRANIAL_BLEEDING, de quick2004 en deviantART

Tercera imagen: Theory of Probability, de ja5on en deviantART

Cuarta imagen: Clockworks, de Sven360 en deviantART


miércoles, 11 de abril de 2012

30 TUITS - Rafael Blanco Vázquez




Cagar y follar eran señal de buena salud, pero ellos aspiraban a la frigidez y el estreñimiento.



Primero ella y luego yo, cagamos ambos bajo la atenta mirada del otro. Luego a la ducha los dos, a enjabonarnos el culo mutuamente.



–Dígame una palabra esdrújula.
–Esdrújula.
–Ahora una palabra llana o grave.
–Aguda.
–Y ahora una palabra aguda.
–Copón.



Somos dos pensando en vos / Y uno de esos dos sos vos.



Joder, mamá, que pareces mi mujer.



Hay que entender que se hiciera vegetariano. Su madre era puta.



Me encantan las palabras acabadas en –al: primordial, sideral, carcamal, homosexual… Pero palpebral es un auténtico asco.



¿Dejar o ser dejado? ¿Solo o en pareja? ¿Novia con carácter o sin carácter? ¿Diarrea o estreñimiento?



–Jamás de los jamases, te pongas como te pongas.
–¿Ni a pesar de los pesares?
–Ni siquiera si quisiera.



En mitad del duelo, el vaquero se rajó. Se me vio todo el culo.



Lo perdonaba todo, menos que tuvieran que perdonarla.



Nació cuando le salió a su madre del coño.



Si a tu padre le sale de los huevos, te beberás la leche.



Qué ruidosa es la perra de mi vecina. Menos mal que no tiene animales.



Al volver al hogar, tras una larga ausencia, el granjero se encontró a su vaca preferida muy delgada:
–Estás hecha una mujer –le dijo.



Disfrutaba cagando, follar le angustiaba. Decidió trabajar, la amistad era un deber. Como buen sentimental, se beneficiaba del amor.



Nadie puede escapar a su desatino.



Corazón que late, dislate.



El clítoris me gusta. Pero la palabra clítoris me gusta mucho más. Te la chupo toda.



¿Pero de qué va a ser acicate una palabra como acicate?



Ahora que por fin ha logrado llevarse todos los premios, sus películas no interesan a nadie, razón por la cual las ve todo el mundo.



Un cheronca con aires de dolobu, langa para su nami, dorima para su jabru, canta el gotán como nadie por los chebolis del rioba.



Déjate de facecias y de dingolondangos y cómeme ya el coño.



¿Por qué no me gustan los autores que les gustan a los autores que me gustan?



Si no crees en los premios y no puedes entender que no hayan premiado a tal autor, entonces sí crees en los premios.



Cuando cago, aprovecho y meo. Cuando meo, aprovecho y me cago en tu puta madre.



Está bueno que no te dé vergüenza, pero que te diera vergüenza también estaría bueno.



A ella le gustan mis besos de whisky y a mí me gustan sus besos de sueño. La rescato del sueño y me la follo.



¿El deseo de toda pareja? Separarse.



¿No deberíamos vivir sin hacer preguntas?



Imagen: THROUGH, de quick2004 en deviantART




viernes, 30 de marzo de 2012

TRES AUTORES, TRES CUENTOS



DISTANCIADOS, de Miguel Molina

Ella encendió el tocadiscos y sentada en la cama comenzó a desnudarse. Él se acomodó y se limitó a mirar.
Ella fue desvistiéndose sin prisa; primero la chaqueta, luego la blusa y después la falda. Él no quiso perder tiempo y fue bajándose la bragueta. 
Mientras tarareaba una canción, ella se quitó el sujetador y el tanga. Él se acariciaba y solo era capaz de escuchar a su corazón desbocado. 
Cuando ella se desnudó por completo apagó la luz, corrió las cortinas y bajó la persiana. Él se subió la cremallera y entre maldiciones arrojó los prismáticos al suelo.



 
EL VALOR DE UN COBARDE, de Luisa Hurtado González

Encontró su nota de despedida sobre la mesa de la cocina, por la tarde, al volver del trabajo. Tras leerla, se dejó caer sobre una silla y supuso que iba a ponerse a llorar pero... ¿por qué hacerlo?, ¿por un matrimonio muerto hace años? “Él sólo ha tenido el valor de acabar con esto”, se dijo, y las lágrimas empezaron a brotar de sus ojos, porque ella se había pasado doce años diciendo que era un calzonazos y ahora era mentira.



 
NO SÉ DECIR QUE NO, de Alejandro Bentivoglio

No soy el sirviente de la ventana, me digo. No me dejaré engañar por esa tentación de cortinas y vidrios. No accederé a su imperiosa necesidad de recortar el sol con sus bordes. De ninguna manera la dejaré abierta toda la noche, soy un hombre que tiene frío. Ella debe saberlo.

Pero ¿cómo decírselo ahora que mueve tan seductoramente su picaporte hacia mí mientras va subiéndose centímetro a centímetro la persiana?



Blog de Miguel Molina

Blog de Luisa Hurtado González

Blog de Alejandro Bentivoglio





Primera imagen: Nu A La Fenetre Drawing, de ionantha en deviantART

Segunda imagen: SHE LEFT, de LEONID AFREMOV en deviantART

Tercera imagen: La fenetre qui pleure, de Maerron en deviantART


viernes, 17 de febrero de 2012

TRES CUENTOS - Varios autores



OTTILIA, de María del Pilar Jorge

En Ottilia, las calles son estrechas, empedradas, con lomas que suben y bajan. Las casas, blancas, con techos redondos y muchas ventanas en las que brillan los hilos de seda de las cortinas. Los niños corren libres y sin miedos, gallinas y perros escarban la tierra de las quintas. El río está cerca. Es siempre verano, por eso las siestas son largos rituales. Hombres hay muy pocos. Sólo permanecen los más viejos y los más pequeños. Las mujeres tejen alfombras, cortinas, túnicas de texturas sedosas y colores claros. Suelen ser muy bellas y entrelazan cordones multicolores en sus trenzas. Pero los forasteros temen quedarse a dormir en Ottilia. Sucede que las camas están cubiertas por sábanas tramadas, y la leyenda cuenta que cuando las mujeres de Ottilia envuelven a sus amantes con ellas, sus cuerpos se transforman en simples dibujos impresos en las telas.




PRECOZ, de David Moreno

Vivíamos separados por una pared, mi dormitorio pegado a su salón. Tan cerca, tan lejos. Nunca nos habíamos visto, ni oído, ni siquiera preguntado nuestros nombres, pero cumplíamos entusiasmados con nuestra cita. A las diez en punto de la noche desde hacía unos meses, abría mi libro de poemas y le recitaba unos versos de amor en voz alta. Ella, para que supiera que eran de su agrado, daba unos golpecitos y felices dormíamos hasta el día siguiente.
Anoche, me atreví. Me asomé a su ventana, justo cuando impaciente apoyaba su cabeza en la pared. Al girarse, vi que era tan sólo una niña, con sus ojos me decía que la esperase.




 
LO QUE QUIERAS*, de Patricia Nasello

Yo estaba de pie, él de rodillas. Sus manos en las mías, su mirada en mis ojos.
―Te amo ―me dijo―, y te lo voy a demostrar. Pedime lo que quieras: una rosa de oro, una estrella de mar. Una estrella del cielo.
―Con un canario me conformo ―contesté riéndome.
―Lo consigo y vuelvo.
Volvió rápido. Cansado. Tierno como siempre.
Arrastraba una jaula enorme.
―¿Y el canario? ―pregunté.
―Decidí que ningún pájaro podría compararse con vos, mi amor, que cantás como un ángel ―respondió.
Me emocionó saber cuánto valoraba mi voz.
Avancé unos pasos. Me paré dentro del círculo de rejas.
Él cerró la puerta.





* Lee Lo que quieras traducido al francés por Rafael Blanco Vázquez

Blog de María del Pilar Jorge

Blog de David Moreno

Bitácora de Patricia Nasello




Primera imagen: Elven forest, de lucid-light en deviantART

Segunda imagen: attente, de toubab en deviantART

Tercera imagen: Lovers, de Mefitica en deviantART