domingo, 30 de octubre de 2011

UN CUENTO Y QUINCE TUITS DE JAVIER LÓPEZ



SALA DE PRENSA

Durante veintiocho años compró todos los diarios que se publicaban en su localidad.
Con el tiempo, su casa se había convertido en una estimable hemeroteca, formada por una colección de todos esos periódicos.
Incluso algún investigador había solicitado, en ocasiones, permiso para acceder a la sala donde guardaba la ingente cantidad de prensa, perfectamente clasificada.
Ese día al fin creyó encontrar la noticia que buscaba, y se dirigió al lugar que nombraba el noticiario.
La información era correcta. Casi treinta años después allí estaba él, su peor enemigo, con las manos cruzadas sobre el pecho, reposando sobre la superficie acolchada del interior de un féretro.
Salió del tanatorio arrojando a la papelera el último periódico que había comprado esa misma mañana. Ya no necesitaba seguir consultando cada día las necrológicas.
Lo que ahora sí tendría que decidir era a qué entidad donar su valiosa hemeroteca.




TUITS

Para combatir el calor tengo un abanico de posibilidades.



El zombi atacó al androide. La inteligencia artificial sabía a conservantes, pensó mientras degustaba su cerebro.



Siempre que escribo "Fin" pienso que se me acabó el cuento...



Mi volcán entró en erupción, justo en el epicentro de la grieta de tu falla.



Colibríes y libélulas se dieron cita en un estanque de nenúfares para embelesarnos con la sonoridad de esta frase.



Cuando el camello consiguió atravesar el ojo de la aguja, declaró: "El mérito es de ella".



Dejé de escribir sobre el dejá vu porque me parecía que el tema estaba muy visto.



Bajo la cama, los viejos zapatos cuentan historias de caminos recorridos y caminantes. Los pares nuevos son siempre un público atento.



Cuando el viento sople en contra, da la vuelta y lo tendrás a favor.



Toda una vida buscando mi camino. Ahora que lo encontré, resultó ser dirección prohibida.



Jadeos y susurros. Luego el clímax del orgasmo alcanza hasta el último rincón del Museo. Y todo, por amor al arte.*



Tengo la lengua seca de tanto escribir.



El cine sonoro dejó mudos a sus primeros espectadores.



Hay momentos que son irrepetibles. Todos.



Si miramos a la luna, solemos ofrecerle nuestra mejor cara. Al sol, sin embargo, parece que lo mirásemos contrariados.



* Escrito en colaboración con Oriana Pickmann



Biografía del autor




Primera imagen: furious, de jared1402 en deviantART

Segunda imagen: Catoman, de RiosMat en deviantART

jueves, 27 de octubre de 2011

CUATRO CUENTOS DE FERNANDO VILLENA BARBA



LA ACTRIZ CON ÍNFULAS DE MUJER

Ella simulaba sus enfados para que él se preocupara.
Él no se preocupaba porque sabía que los simulaba.
Él se enfadaba de verdad porque no le gustaba que ella le engañara con falsos enfados.
Ella se enfadaba de verdad porque todo le había salido mal.




PADRE

- Hijo, yo sólo quiero lo mejor para ti.
- Papá, yo sólo quiero lo mejor para mí.
- Has vivido muy poco como para saber lo que es mejor para ti.
- He vivido muy poco como para que me conozcas y sepas lo que es mejor para mí.

Y al padre no le quedó más remedio que darle una hostia.



 
DIEZ DEFECTOS

- Tengo diez defectos –dijo él-. Sólo te pido que no dejes de quererme hasta que no los conozcas todos.

Ella aceptó.

Cuando ya conoció sus primeros nueve defectos y, con ello, su amor por él empezaba a menguar, comprobó que era incapaz de conocer el décimo y último. Con el tiempo, el reto aumentó su interés por él y, por tanto, su amor. Y así hasta el fin de sus vidas.

El décimo defecto hablaba de que él podía llegar a ser un poco mentiroso pues realmente sólo tenía nueve defectos.




UN RAMO DE MONEDAS

Convirtió su vida en una sucesión de gestos grandilocuentes que no significaban nada. Demostraba su amor regalando flores. Aparentaba bondad dando monedas a los pobres. Pero ni era bondadoso ni sabía amar. Un día se suicidó. Al parecer alguien le mandó unas flores y unas monedas.




Primera imagen: Enojada?, de J-Sareki en deviantART

Segunda imagen: laced up, de thorn64 en deviantART

Tercera imagen: Tragic Kingdom, de halloweenkid en deviantART

Cuarta imagen: hanging man and moon, de xosekx en deviantART

miércoles, 26 de octubre de 2011

TRES CUENTOS DE CLAUDIO G. DEL CASTILLO



SOLERO

Se achicharraba el 2050. La señora escurrió el sudor de su frente y se acercó presurosa al hombre:
–Acompáñeme hasta Ruinas Nuevas y le daré ochenta pesos –resolló.
–Cien –dijo él, mirándose las uñas–. La ruta este-oeste es un infierno.
–¿Qué dice? No son ni las dos y, además, estoy muy hinchada; tendré que hacer malabares para mantenerme a su sombra.
–Noventa y le pongo medio vaso de agua descontaminada.
–Ochenta y cinco, sin su agua. Algo más de pus en la lengua no me matará.
–Sin agua entonces –concluyó el otro.
Empezaron a caminar en fila apretada. La radiación ultravioleta bombardeaba el rostro llagado del solero.




ALIEN

Del pobre viejo decían que era un extraterrestre; que a pesar de vivir en la Tierra durante años, aún se comportaba de manera singular para ganarse el sustento. Por supuesto, yo no creía una sola palabra de tales historias. Sin embargo, un día lo vi en el parque en una postura inusual y, aguijoneado por la curiosidad, me le acerqué:
—Buenas tardes.
—No moleste: estoy moñingando —dijo sin inmutarse—. Y córrase a un lado que me espanta la clientela.
Debo admitir que, por más que lo observaba, no lograba comprender qué estaba haciendo ni cómo.
—No me tome el pelo. Y, ¡por Dios!, déjese de bobadas que se va a partir la espalda.
—En Marte quizás. Moñingar aquí es mucho más fácil —aseguró.
—Pero… ¿De qué habla? ¿Qué es moñingar?
—¿Para qué explicarle? —gruñó exasperado—. Jamás lo entendería.
Yo estaba apurado, así que decidí presionarlo. Paseando tres billetes de a cinco frente a sus ojos, le dije:
—Si me enseña a moñingar, son suyos.
—No sea estúpido. Aunque usted lo intente, no podrá.
—¡Pues váyase a la mierda! —exploté por fin.
—¡Y usted a ñatuflarse la grufa! Pero qué digo —farfulló—, si tampoco podría.
Discretamente me escurrí entre la multitud que se agolpaba, convencido de no querer saber qué era aquello.




GARGANTORUM DEFLAGRATUS

–Sírvame un doble de gargantorum deflagratus, por favor.
–Extranjero, ¿sabe lo que está pidiendo? El gargantorum deflagratus haumeano es la bebida más fuerte del Sistema Solar. ¿No cree que tomarse un doble cuando le bastaría un nanolitro, es excesivo?
–¡Tonterías! Quien haya probado una vez en su vida el tabasco mexicano es capaz de engullir a pulso una jarra de magma.
–Como quiera, pero le advierto que si bebe de este vaso jamás hablará usted igual... ¡Por Dios!... Bien, ¿qué le ha parecido?
–Nño eshtá shjuave, nñopfff.


Primera imagen: Sun, de eKtOr182 en deviantART

Segunda imagen: behind the facepaint, de THEtoeTAGproject en deviantART

Tercera imagen: The Bar, de weissner en deviantART


martes, 25 de octubre de 2011

CUATRO CUENTOS DE EDUARDO ABEL GIMENEZ



GAZPACHO

La gente sudaba. El sol caía sobre la plaza apenas contenido por las palmeras y una nube solitaria que escapaba antes que se le hiciera tarde. En las camisas azules se formaban manchas húmedas, gotas de agua salada caían por frentes y barbillas. Con los brazos en alto, la multitud cubría césped, caminos, aceras, calles, sin dejar un hueco, hasta donde los edificios impedían ver. Las voces gritaban al ritmo de los tambores:

¡Gaz-pa-cho!
¡Gaz-pa-cho!

Hubo un movimiento allá arriba, en el palco. Se abrió la cortina roja. La Casa de Gobierno relucía con pintura nueva, tan brillante que era difícil mantener la vista fija en esa dirección. Pero nadie quiso perderse el momento en que el Líder atravesó la cortina entreabierta, avanzó hasta el borde mismo del palco y levantó los brazos como convocando al cielo para que se acercara al pueblo.

Los gritos crecieron, se aceleraron:

¡Gaz-pa-cho!
¡Gaz-pa-cho!

El Líder dio un par de golpecitos en el micrófono. Su dedo índice, amplificado en los parlantes, logró reducir las voces a murmullos. Los chistidos recorrieron la plaza. Cuando el silencio fue suficiente, el Líder exclamó:

—¡Cortar el tomate!

La gente estalló en aplausos y vítores. Los tambores redoblaron. La nube solitaria terminó de ocultarse tras la torre de la catedral. El Líder sonrió con tanta amplitud que sus dientes blancos opacaron las paredes del edificio. Hizo gestos de apaciguamiento.

—¡Trozar los pimientos! —prosiguió—. ¡Picar la cebolla! —Hizo una pausa de efecto, con el timing de un actor experto. —¡Desmenuzar el pepinillo!

Otra ovación, más extensa, más calurosa. El Líder aspiró hondo, tanto que parecía agigantarse a la vista de sus seguidores. Alzó el brazo derecho e hizo un gesto giratorio con la mano.

—¡Echar los ingredientes en un cuenco grande! —gritó—. ¡Mezclar con la batidora! ¡Hacer un puré suave! —Y todo casi sin respirar, con la potencia que sólo alcanzan los privilegiados.

El suelo tembló con el estruendo de los tambores y las cajas de resonancia de cien mil pechos gritando al unísono. Pero el Líder volvió a lograr silencio con apenas un movimiento de los dedos.

—¡Poner la sopa en el refrigerador! —dijo, usando un tono de voz más medido, preparando el final.

La plaza entera se aquietó. Este era el momento culminante. El propio sol esperó en lo alto. Los pocos pájaros que no habían huido también miraban hacia el palco. El Líder, ahora sí, arrancó su voz de lo más profundo de la tierra:

—¡Y servir bien frío!

Todo estalló. Minutos enteros de ovación, parches castigados, césped arrancado por los pies que bailaban. El Líder reconoció el afecto de su pueblo con suaves inclinaciones de la cabeza, a derecha y a izquierda. Finalmente, a la menor indicación de que el furor disminuía, volvió a levantar los brazos y logró, por última vez en el día, un silencio profundo.

—Mañana —dijo, y volvió a mostrar los dientes más blancos que la nieve—, ¡mañana paté de pescado!

La multitud rugió de satisfacción, mientras el Líder desaparecía al otro lado de la cortina roja. Vítores y cánticos se sucedieron durante un largo rato. Pero sin el Líder para dirigirlo todo, el sol siguió su curso, la nube reapareció al otro lado de la torre, y los pájaros decidieron volar sin rumbo fijo.

No mucho después se inició la desconcentración. Algunos, los más inquietos, ya le iban poniendo música a la consigna del día siguiente.





PAPEL

Me acaban de hacer notar que el papel no está tan blanco como otras veces. Me gustaría poder hacer algo al respecto, pero es el ruido, ¿oyen?, la sierra de la otra cuadra, las válvulas del colectivo que pasa por la esquina, el tipo que martilla como asesinando al perro. Todo contribuye. El papel recibe esas cosas, es como las plantas que son sensibles a todo. El papel se empieza a poner amarillo en los bordes, en las puntas. Lo escrito también se deteriora, se pone gris, más que nada en verano, cuando uno abre las ventanas y el ruido entra a tapar mi desorden con el suyo. Dejo como prueba la palabra prolegómeno, que (lo saben quienes me conocen bien) jamás usaría en un texto.





YO

—Hola. Soy yo.
—Sí. Yo también soy yo.
—Pero yo soy más yo que vos.
—Eso es posible.
—Yo soy de verdad yo, mientras que vos no.
—Ah. No sabía. Entonces…
—Entonces vos tendrías que decir “yo hago como que soy yo”.
—Yo hago como que soy yo.
—Eso es. Aunque un poco todos hacemos como. Claro que yo no.
—Vos no. Vos sí que sos yo.
—Exacto.





PARAR UN MOMENTO

Parar un momento, avanzar, parar, detenerse por completo, tomar aliento, perderlo, darse tiempo para un poco de depresión, represión, introspección, desolación, prepararse para situaciones no deseadas, desearse en situaciones no preparadas, darse vuelta de arriba abajo, de adentro afuera, tener más sueño que sueños, proponerse una vez más cambiar y seguir así como siempre.



Blogs de Eduardo Abel Gimenez: Ximenez y La Mágica Web


Primera imagen: Special Lousy Art Collage, de HypnotizedMuffin en deviantART

Segunda imagen: Vancouver Sunrise, de Laurazee en deviantART

Tercera imagen: el asalto, de quick2004 en deviantART

Cuarta imagen: rOt4tiOn, de genr en deviantART


 

lunes, 24 de octubre de 2011

DOS CUENTOS DE ORLANDO VAN BREDAM



CENTAURO

Si para un hombre cualquiera la vida está llena de obstáculos y contrariedades, qué decir para un centauro como yo. ¿Qué soy al final? ¿Hombre o caballo? ¿Una burla de los dioses? Con mi amigo Omega hemos decidido huir del Olimpo, visitar esta tierra de los mortales, confundirnos con los animales, las plantas y la gente. En la ciudad es imposible. Todos se ríen de nosotros. Los momentos más tristes llegan en primavera con la excitación de la sangre. Somos todavía muy jóvenes, casi adolescentes. En este instante, por ejemplo, en esta llanura que nos insulta con tanta belleza nueva hemos descubierto dos yeguas pastando y ahí nomás, en una breve laguna, dos muchachas se bañan alegres y desnudas. Nuestros ojos van de un lado al otro. La primavera nos acosa.
-¿Y ahora qué hacemos? -me pregunta Omega.
-No nos podemos pasar la vida dudando -le respondo-, habrá que tomar una decisión.
-Claro que sí -dice Omega. Y arremetemos.





MACHISTA

-¿Sabías que el caballo blanco de San Martín era en realidad una yegua? -preguntó ella.
-No -contestó él.
-¿Y que el caballo de Troya también era una yegua?
-Tampoco lo sabía.
-¿Y que el caballo de bastos es, desde luego, otra yegua?
-No me lo imaginaba.
-¿Te das cuenta? -dijo ella, indignada-. ¡Qué cultura machista tenemos!
-Cierto -dijo él y siguió lavando los platos.


Blog de Orlando Van Bredam


Primera imagen: Centauro, de Nihia en deviantART

Segunda imagen: Tomb of Machismo the Barbarian, de nerraw0001 en deviantART



domingo, 23 de octubre de 2011

BANDA SONORA* - Rafael Blanco Vázquez



Era verano, claro. Se pasaban el día juntos. Iban a la playa, de fiesta, a dar vueltas con el coche. A él le gustaba ella pero la encontraba inasible. Era linda como pocas y tenía aventuras por doquier. Así que él, medio en broma, siempre le cantaba aquello de Santiago y Luis Auserón (versionando a Otis Redding):


Juguetitos hay por docenas
En la tienda que no valen ná
Déjame que yo te dé candela
Ay nena, te juro que soy duro de pelar


A ella le gustaba él pero lo encontraba inasible. Tan guapo, con esas canas. Un tipo que le sacaba catorce años, proclive al nomadismo. Le gustaba, era un hecho. Sólo que acumulando aventuras esquivaba lo esencial y evitaba sentirse vulnerable. Como todas las lindas era miedosa, pero también juguetona. Así que, medio en broma, siempre le cantaba aquello de Luis y Santiago Auserón (versionando a Screamin’ Jay Hawkins):


Por un hechizo tú
Vendrás a mí
Deja ya de enredar
Tiene que ser así


Un día iban en el coche, camino de sí mismos. Sonaban los hermanos Auserón (versionando una canción de Ray Davies popularizada por The Kinks):


Suéltame por favor
Que me estás matando con tu abrazo mi amor
A ver si el nudo sabes deshacer
Igual que antes lo hiciste suéltame eh
O qué

Suéltame desazón
Antes de que me consumas el corazón
Anula el sortilegio de este amor
Y deja que respire suéltame eh
O qué


Y ella con complaciente inocencia preguntó:
- ¿Qué significa desazón?
Y él con erudición contenta respondió:
- Desasosiego, inquietud, zozobra.
La suerte estaba echada. ¿Quién puede escapar al tópico?


*****


Era verano, claro. Un verano increíble. El mejor amigo de él (también madurito) y la mejor amiga de él (también jovencita y también mejor amiga de ella) conocían otro idilio singular. Pero cosa curiosa, rara vez estaban los cuatro juntos. Él estaba o bien con la parejita o bien con ella a solas. No me pregunten por qué. Está bien, yo creo que es porque así ellos se preservaban. De hecho nadie estaba al tanto de su historia. Para el mundo tan sólo eran amigos.

*****


El coche de él era el marco de todos los viajes. Como aquel que hicieron los tres después de que la mejor amiga siguiera la recomendación de los Auserón (versionando a Eddie Cochran y Jerry Capehart):


Y a tu madre le dirás que te vas de vacaciones
Porque ya tienes edad de tomar tus decisiones


Les encantaba sentirse como teenagers incomprendidos. A ellos porque, nostálgicos sin solución y cinéfilos sin remedio, se creían en Rebelde sin causa, en Al este del Edén, en Esplendor en la hierba. A la amiga porque a sus 22 estaba en el límite entre la adolescencia y la edad adulta, un límite siempre difícil que nadie está seguro de querer rebasar. Hasta el punto de que se inventaba ligeros conflictos con los padres, a los que ni siquiera se les habría pasado por la cabeza prohibirle nada. Todo tenía un perfume de verano que nunca volverá. Y ellos seguían cantando a coro la canción anterior:


Una locura soy capaz de hacer
Tristeza de verano al anochecer


*****


El verano tuvo un final feliz. El amigo dejó a la amiga y ella lo dejó a él. La amiga hizo un par de pucheros y él se sintió viejo e inútil. ¿Acaso existe mayor voluptuosidad? Él aún recuerda, años más tarde, cuando la acompañó a coger ese tren que él intuía que sería el último, sin que lo hubiesen hablado. Ella iba seria. Él cantaba para sus adentros a los Auserón Brothers (versionando a Robert Johnson):


Cuando el tren se alejó
Con sus dos luces detrás
Cuando el tren se alejó
Yo vi sus dos luces detrás
Una azul por mi pena
Roja porque tú te vas
Es en vano mi amor


*****


Poco después él, por esas cosas de la vida, conoció a Santiago Auserón en París. Se estaban tomando unas cervezas y no se resistió a la tentación de decírselo:
- Santiago, no te haces una idea de lo que yo he follado gracias a tu disco Las malas lenguas.
- Me alegro, chaval. Es un placer ver que la música de uno acompaña (qué digo acompaña, genera) tan gratos momentos.
Y pensó que estaría bien algún día rendirle un homenaje a todos los que hicieron posible aquel verano. Ella, su amigo, su amiga, los dos Auserón, su coche.



* Publicado en la antología Boxing Day de la editorial LCK15.

* Publicado en el blog Breves no tan breves


lunes, 17 de octubre de 2011

UNA TARDE - Rafael Blanco Vázquez



Estaban en el salón, cada uno con su ordenador. De vez en cuando se miraban, se sonreían, se acariciaban la mano. De pronto él le preguntó: “Cuqui, ¿tú quieres que te meta el nabo en todo el higo?”. Ella rió: “No sé. No lo había pensado”. Él dijo: “Vete a la cama, desnúdate y ahora voy yo, en cuanto termine de leerme este cuento”. Ella obedeció, se desnudó, se metió en la cama, se abrió de piernas, decidió esperarlo separándose los labios con las manos. Él se leyó el cuento, se quedó meditando el final, se levantó de la silla, se fue desnudando por el pasillo, entró en el dormitorio y la penetró.


Imagen: Into The Fire, de jack-ouza-lantern en deviantART

martes, 11 de octubre de 2011

EL COLUMPIO - Rafael Blanco Vázquez



Quisiera echar un polvo melancólico.



Dejarse crecer la barba y afeitársela cuando pique o afeitarse cada mañana por estar presentable y sin picores, en un prurito por vivir sin pruritos.
Escribir por angustia o por oficio.
Exprimir los pesares o el talento.



Realmente paradójico: sentirse en posesión de la verdad al proclamar la inexistencia de ésta.



El hombre puede ser verdugo de los hombres, pero esto es accesorio: lo esencial es que es víctima de sí mismo.



Lo que daría por un malestar concreto.



- Y tú qué quieres ser de mayor.
- Cadáver.



La falsa generosidad de reconocer los propios defectos.
El falso desapego al diagnosticar los de los demás.



De dolor a folclore: la mutación más habitual.



El hombre, ser fluctuante entre dos necesidades contrapuestas: el yo también y el yo solo.



En cada línea que escribo retumba, más veloz que el anterior, otro salto hacia la incomprensión de mí.
No hay palabra que no me aleje de lo inefable. No hay expresión que no esconda lo que nunca podré expresar. No hay explicación que no me recuerde que mi tormento es inexplicable.



No poder ofrecerle a nadie nada más que mis atolladeros.



Si he estado a punto de hacer algo que no quería, no me importa no haberlo hecho, sólo me importa lo poco que ha faltado, el impulso por mi parte.
Si no he llegado a hacer algo que quería, no me importa haberlo querido, sólo me importa que no lo he hecho.



Mi cólera no tiene límite, como corresponde a quien vive de presumir de mártir.



Cómo resolver esta gratuidad sentimental que nos mantiene en perpetua oscilación entre el deseo de cambio y la comodidad del problema conocido.



Perderse, disolverse en la contemplación de un espacio en blanco entre dos fragmentos.



Imagen: Goodbye Kiss, de angelboi69 en deviantART



domingo, 9 de octubre de 2011

AÑICOS - Rafael Blanco Vázquez



Ese día en que la gente decida no ocuparse más que de su propia pena de no ser más que gente.



Todos mis accesos de furia y desolación provienen de mi envidia y de la merma de mi poder social. A todos respondo por la vía de la humillación o por la de la dialéctica, cuyo pretendido raciocinio la hace aún más cruel. El dolor es indigno.



Esas eyaculaciones abundantes como chorros de amargura reconcentrada, ese estallido en el que reluce la rutina espiritual.



Cambio de términos: sustituir filosofía por sofialgia



Pues claro que el pensamiento es libre. Lo que no hay es quien nos libre a nosotros de él.



Necesitar ardientemente a alguien o, dicho de otro modo, temer ardientemente descubrir que no se le necesita. El miedo a la soledad es más bien pánico al egoísmo.



El otro, ese ser que siempre se cree más listo que tú (y siempre sin motivo).



Me gusta verme a mí mismo como un sofista, a menudo me sueño descansando, triunfante, en la gratuidad, pero es evidente que no soy sino un infeliz que aspira al entendimiento, un pobre hombre proclive a la explicación, un cúmulo de tormentos añorantes de la normalidad.



Está claro que necesito ayuda o, dicho de otro modo, está claro que nadie puede ayudarme.



Después de revisitar Desmontando a Harry, de Woody Allen, con su mezcla de humor y horror, de trascendencia y chiste, mis fragmentos me resultan de una gravedad intolerable, de un negror impracticable. Claro que eso se soluciona revisitando a Cioran, al lado del cual Woody Allen me parece un payaso.



Imagen: Arte tétrico, de Grzegorz Kmin alias Aspius

sábado, 8 de octubre de 2011

INCORREGIBLE - Rafael Blanco Vázquez



Impermeable al conocimiento, el hombre se indigna.



Comprarse una verdad cada cinco minutos, comerse una verdad y vomitarla, abrazarla con fuerza hasta aplastarla, enarbolarla con furia hasta vaciarla de significación, envejecer inerme de orfandad y morir suicidado de incongruencia en una exhalación de estertores sin verbo, en un espasmo final hueco de ideas y exangüe de tristeza.



Impermeable al exterior, el hombre sale.



Inactivos y aquiescentes, sonrientes y comprensivos, mirando como de otro planeta el ambicioso, el incesante bullir de los humanos en derredor, cansados y silenciosos, yacentes y tolerantes... Basta una simple gripe para verse a sí mismo como un dios.



Impermeable al conocimiento, aún me empalmo.



Angustiado, aovillado, en posición fetal sobre mi cama, me levanto de vez en cuando a desmenuzarme en fragmentos ansiolíticos. Pero han de ser breves, restallantes, veloces como uñas que caen al suelo, sangrientos como mosquitos despanzurrados, han de surgir repentinamente, inexplicablemente, sin más: si me viene una idea necesitada de desarrollo, la dejo para otro día.



Impermeable al conocimiento, aún observo: ¿se puede saber qué busco, a estas alturas?



Llegar a casa con la insatisfacción del deber cumplido. Haber sido decente y responsable como un cualquiera.



Impermeable al conocimiento, el hombre conoce.



Canción popular: “Libre, como el sol cuando amanece yo soy libre.”
Pero desde cuándo la rutina es libertad.
Que el hombre es un ser rutinario lo prueba su nostalgia, desde la rutina cultural, de la rutina natural. Y sólo a él se le ocurre, encima, aplicarle a ésta, negándola, un término de aquélla: la añoranza edénica es la añoranza de un estado sin consciencia, y no de un estado libre.
Pero cómo puede aspirarse a ser un árbol libre, o sea un árbol consciente. Un árbol consciente no es un árbol: es un hombre.



Impermeable al conocimiento, estoy aquí: emocionado de haber vuelto a escribir después de dos semanas de improductividad.



Imagen: Chaiselongue, de Culpeo-Fox en deviantART